Un turbio encuentro [priv. Historia Scamander]

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Un turbio encuentro [priv. Historia Scamander]

Mensaje por Vagadus Vares el Sáb Abr 15, 2017 5:48 pm

-Tonto-  una voz femenina e inocente hace presencia en esta historia, con un suspiro el hombre simplemente se encoge los hombros mientras que sus pies andan por los largo y descuidados caminos del campo, a lo lejos estaba ya el lugar donde iban a descansar. Sus ojos se mostraban despreocupados, su mochila parecía más como un caparazón por la cantidad de cosas que cargaba, pero ni siquiera parecía hacer algún esfuerzo por cargarla, era como si fuera parte de su ser.

Así es como inicia la aventura de Vagadus, un tonto sin tacto o escrúpulos junto con su hermana Nanami, una muñeca tierna y pequeña que se resguarda en la enorme mochila. Habían tardado dos meses en pasar desde su hogar en Kugg hasta ya la frontera de Karr en donde solamente iban de paso y de ahí simplemente los seres superiores sabrían a donde se dirigían. El dragón se rasco los cabellos de la parte trasera de su cabeza, sin saber muy bien en donde se encontrara y, es más, no le importaba en absoluto, lo único que sabía era que hacía mucho calor el cual quemaba la piel de muchos, ¿La de él? por dios que no, el clima de Kugg era demasiado volátil, le ha preparado muy bien para este tipo de ambiente.

-Como sea, según este mapa ya debemos de estar cerca de una taberna- de nuevo la presencia de una voz femenina, en uno de los bolsillos superiores de la mochila se encontraba una pequeña quien revisaba un pequeño mapa, viéndolo mientras que revisaba los alrededores del exterior –sí, tiene que ser- dijo finalmente dejando salir un suspiro a la espera de que este aliviase sus preocupaciones. Cerró los ojos por un momento antes de doblar el mapa y guardárselo en su vestido, y con una sonrisa levito hasta el hombro de nuestro querido protagonista –Espero que nadie haya visto tu estupidez de hace unas horas- dijo molesta.

-¿Estupidez?- preguntó sin saber lo que decía –solo mate a tres personas porque nos estaban deteniendo- y ahí va su sinceridad, en sus ojos parecía ser completamente inocente, como si tomar una vida fuera lo más normal del mundo, pero su hermana que había estudiado las costumbres y leyes de los clanes negó con la cabeza y le proporciono un golpe en la mejilla… más que un golpe solo fue una caricia.

-¡Claramente eran soldados que querían ver la mochila!- le gritó mientras le daba más y más golpes -¡Tonto! ¡Tonto! ¡Tonto!- repetía una y otra vez como si fuera una niña pequeña a pesar de que tenía más edad que el chico y este solamente desvió sus ojos hacia el cielo. Después de unos minutos dejo de pegarle y regreso a su guarida, cerrando la bolsa para que los rayos azotadores del sol no le llegaran –esperemos que solo fuera un incidente y no descubran los cuerpos en días…- susurró antes de acomodarse y quedarse dormida.

-…- simplemente no entendía y tampoco se esforzaba tanto en comprender las reglas que la sociedad ha impuesto, pensando que para eso estaba su hermana y él no tendría que preocuparse por niñerías. De nuevo se encogió los hombros y aceleró el paso para llegar al pueblo de Karr, y desde donde estaba ya se notaban las casas en malas condiciones, parecía que estaban a punto de romperse con la tranquila brisa de verano. De vez en cuando desviaba su mirada a los lados simplemente para observar los campos secos y largos que se extendían al horizonte, en cualquier momento se podían convertir fácilmente en desierto, solo les faltaba la arena. No era tan diferente a Roar, solo que ahí por lo menos había un poco de vegetación, el chico se preguntaba “¿Cómo se sentirá acostarme en el suelo?” despreocupado de todo solo dejo ir esa idea cuando entró al pueblo y observo la escena de pobreza en las calles.

Mientras caminaba giraba solo para observar aquellos grandes pero frágiles edificios, parpadeando unas cuantas veces antes de seguir su camino y procurando que no se fuera a marear por tanta vuelta. No habia visto algo parecido en su vida, por fin como la primera vez que observó el mar en las costas de Kugg, simplemente era algo alucinante de ver. La gente se pasaba de un lado a otro, algunos con vestimentas más apropiadas para la ocasión que otros, varios niños corriendo con energía y jugando, gente que estaba sentada en el suelo, recargados en barriles o en las paredes de los edificios, casi todos con mala cara y una mirada gélida que helaba los huesos.

Entre todo esto encontró lo que estaría más cerca a ser una taberna, adentro eran las voces en conjunto, risas y gritos de celebración por algunos asesinos o mercenarios que se habían ganado el pan del día, las mujeres que atendían regalando sonrisas mientras que eran acosadas por los hombres mujeriegos que buscan placer en la noche, y hablando de noche el sol se estaba ocultando en el horizonte, llegó justo a tiempo para descansar. Cuando entró al establecimiento varias miradas se centraron en él, era un rostro nuevo por estos lares, y cualquier desconocido se podría considerar enemigo por alguna pequeña acción, pero muchos solamente observaban el gran equipaje que cargaba en su espalda, pensando en que riquezas estaba guardando aquel chico de cabellos cafés.

Como si todo estuviera normal Vagadus camino hasta el fondo de la taberna, a la barra donde algunos de los comensales se movieron solo un poco para dar espacio al dragón. –Nanami… ya llegamos- susurró y su hermana con suavidad despertó, asomándose por la bolsa y mirando a todos aquellos tipos antes de ocultarse de nuevo, le daba miedo solo con ver sus miradas pero le tranquilizaba un poco que su hermano estuviera presente. Se quitó la mochila y la dejo a un lado mientras que él tomaba asiento en el largo banco, ignoraba a todos los que le rodeaban y ellos al ver que no daba alguna señal de hostilidad reanudaron las pláticas.

-¿Que va a querer?- un hombre, gordo con una voz gruesa estaba limpiando un tarro con un trapo mientras observaba al tipo, dándose cuenta de que sus ropas no eran de por estos rumbos: Estando solo con un Hakama de color negro y un estampado de hojas de otoño, las mangas largas y ni siquiera utilizaba algún calzado para protegerse del ardiente suelo de la tarde, un hombre extraño pensaba el cantinero.

- Una habitación y una cerveza- dijo sin tener alguna expresión, simplemente le observaba con su típico temple tranquilo.

-Serian veinte Exos por la habitación y tres por la cerveza-

Vagadus asintió mientras que extendía su mano al bolsillo superior y su hermana le daba el dinero necesario para pagarlo, porque sabía que el dragón es despistado y en una de esas sacaba toda la bolsa de tela con más de cien Exos los cuales han recolectado mediante trabajos. Nuestro protagonista dejo las monedas en la barra y el cantinero simplemente asintió con la cabeza antes de ir a rellenar el tarro que tenía entre sus manos.

-Tu habitación es la del fondo a la derecha, disfruta tu noche- y con esto dicho dejo el tarro enfrente de él, dejando que un poco de líquido se derramara por los bordes. Con una mano agarró la oreja del tarro y le dio un gran sorbo, por fin algo refrescante después de días en la intemperie, con ese calor que resecaba su garganta.

-¡Déjenme!-

-Vamos pequeña, deja de resistirte y diviértete con nosotros, te aseguro que te vamos a pagar bien- la escena de todos los días, un grupo de pervertidos con el alcohol en la cabeza abusando de una de las meseras, un hombre le jalaba el brazo para que no se fuera mientras que el otro intentaba levantar su falda a la espera de ver los “tesoros” que tenía ocultos. Todos los demás comensales se metían en sus propios asuntos, solo volteando a ver la escena para ver a la hermosa chica de cabellos largos azabaches y finas facciones, por su aspecto no pasa de los 18 años.

-Ve a ayudar- dijo Nanami mientras observaba discretamente desde el bolsillo, sintiendo pena por la víctima –por favor- su hermana no soportaba tanto los gritos como ver la violencia que los hombres desataban, como elfa de Euen que alguna vez fue.

-Está bien- contestó Vagadus mientras se terminaba su cerveza y pedía otra, si su hermana quería ayudarla entonces lo haría, estar en sus propios problemas era algo propio de él y ni siquiera levantaba un dedo por los demás desconocidos, ¿Por qué lo haría? ellos no habían hecho nada para ganarse ese privilegio pero… si el ser que más quería y protegía lo decía no tenía otra opción más que hacerle caso, además, era una buena excusa para pelear, y como le gustaban las peleas.

Se terminó su tarro antes de pararse de su asiento y girar sobre sus talones para ver a los hombres, y ladeó la cabeza, pensando en cómo iba a matarlos. Abalanzándose hacia adelante corrió, dejando que el tarro cayera al suelo, parecía ser que todo iba en cámara lenta. Sus pasos veloces alcanzaron la mano del hombre que sujetaba el brazo de la chica, y con un solo movimiento de su mano destrozó su codo, aquel recipiente vacío apenas toco el suelo.

-¡Aaaahh!- gritó el hombre dejando a la mujer y esta salió corriendo, para callarlo era mejor darle un golpe fuerte a su corazón el cual dejó de latir y a los pocos segundos el cuerpo inerte del mercenario cayó de espaldas. Los demás ya estaban desvainando sus armas, desde espadas hasta dagas, todo un show se iba a desatar, y Vagadus con solo sus puños estaba más que dispuesto en matar a la banda de cuatro hombres. Una melodía se escuchaba por toda la taberna, Nanami había empezado a cantar para distraerse de la inminente pelea, no deseaba escuchar los gritos de terror, dolor o furia, era su lugar feliz entre las notas musicales junto con los instrumentos creados por magia, invisibles pero eran bien escuchados por el establecimiento, extraño, misterioso, místico.

cancion:

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