Tú, no ser de aquí. [ Priv. Lýkai ]
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Tú, no ser de aquí. [ Priv. Lýkai ]
Motivada por la idea, Yaralt camino montaña abajo, contenta de poder sentir la húmeda tierra bajo sus pies al haberse dejado caer la lluvia el día anterior. A muchos no le podía agradar del todo las precipitaciones, pero lo cierto es que durante las temporadas un tanto más 'cálidas', era satisfactorio ver las lluvias caer entre tanto árbol frondoso y naturaleza acumulada en un solo punto, mas cuando los territorios estaban tan cercanos a Núren, cuna de aquel gran árbol que si era sincera, añoraba ver con sus propios ojos algún día. Al menos, montaña abajo las temperaturas se volvían mucho mas cálidas e incluso, agobiantes. Era un curioso efecto invernadero el que se formaba aquí a los pies de las montañas, pues el calor llegaba a aglomerarse tan pronto como el sol comenzaba a iluminar con sus fuerzas desde el cielo. Sin duda, el verano estaba aquí. Tras unas cuantas horas de caminata, llevando en su espalda lo que parecía ser un par de pavos salvajes recién casados y un saco con varias frutas dentro, logró finalmente llegar a su principal objetivo: El largo Arza.
Tykkal, su halcón real apareció entre las ramas de los altos árboles, graznando para saludar a su dueña mientras movía ambas alas. Yaralt levantó la mirada hacia él con una media sonrisa ¿Qué haría sin su compañero indispensable de caza? Seguramente sus expediciones se volverían mas solitarias de lo que ya eran. Al llegar a la orilla de ese gran lago, solo pudo atinar a identificar un par de ciervos al otro lado del lago que aun no habían reparado en la presencia de ambos. Un ciervo ¡Eso si que era un premio mayor! Seguramente todos los niños del clan celebrarían por el gran festín que iba a traerles. Cautelosa como ella misma, se agacho en el suelo con cuidado hasta dejar a un lado aquel saco y los pavos, con el fin de tener el menor peso posible para poder lanzar una de sus flechas a uno de ellos. Empuño su arco y busco en el carcaj una flecha, segura de que con una bastaría para matarlo. Lentamente, estiró la cuerda hasta dejarla tensa y contuvo la respiración. Por unos momentos, todo se detuvo.
Hasta que algo a la lejanía alerto a sus presas y aves, huyendo despavoridas hasta ocultarse en los bosques. Yaralt chasqueo los dientes, frustrada de que su festín se hubiera arruinado, mas el olor particular de algo llego a sus narices. Era un aroma distinto a la humedad a tierra del bosque o más bien… Era una persona. Yaralt volvió a ponerse alerta, estirando la cuerda de su arco. — Tykkal — Pronunció de manera tosca, llamando a su halcón para que estuviera alerta a cualquier movimiento. Ambos esperaron pacientes, hasta que la pelirroja soltó la cuerda y la flecha salió disparada a gran velocidad, atravesando el lago y clavarse en el tronco de un árbol. — ¡¿Quién?! — Exclamó, esperando a que efectivamente saliera el intruso de su escondite.
Yaralt
Re: Tú, no ser de aquí. [ Priv. Lýkai ]
Durante esos días visitó varias de las zonas donde sabía que se habían alojado antaño, sin embargo no los halló. Quizás se adelantó y llegó antes de tiempo, o quizás simplemente los exploradores habían encontrado un lugar mejor en el que asentarse. Sin embargo la única y desesperante realidad es que encontrarlos no sería tan fácil como había creído en un inicio.
Sostenía ese pequeño paquete entre sus manos. Nadie le había dicho lo que había dentro, no obstante lo sabía a la perfección; eran medicinas. Por el olor y la clara calidad que desprendía era obvio que provenía de Torava, más razón por la que pensar que el paquete era urgente. Los Artae tienen sus propios métodos médicos y si alguien del clan necesitaba de las medicinas de Torava, era probablemente porque su estado no era ni por asomo el más óptimo.
La castaña contemplaba como las gotas de agua se deslizaban por las hojas de los árboles, signo de que la noche anterior había estado lloviendo. El aire se presentaba levemente frío y se respiraba el olor a tierra húmeda, algo que le era muy nostálgico. Sus pies descalzos caminaban por el pasto de la zona, mientras fruncía el ceño, algo frustrada. El olor de la lluvia recién caída nublaba sus sentidos; los reducía. Aquello que normalmente podría oler a kilómetros ahora tenía que estar delante de ella para percibirlo. Sí había algo que odiaba de la lluvia, era sin duda esa sensación de impotencia que le causaba.
Dima, vayamos al lago. Quizás allí encontremos alguna señal. -Pronunció bajo, pues no necesitaba más para que su lobo comprendiera lo que le estaba diciendo. Le tomó toda una mañana ir desde el lugar en el que se encontraba hasta el lago; para cuando llegó ya era casi mediodía. Le preocupaba pensar que mientras ella estaba fracasando en encontrar al clan, la persona que necesitaba esa medicina podría estar muriendo o sufriendo. Tan distraída estaba que, antes de darse cuenta, pisó una rama que petó, asustando algunas aves del bosque y consecuente, al ciervo que había estado abrevando en el lago. Segundos más tarde una flecha se había clavado en uno de los árboles que les rodeaban, escuchando una voz femenina, pero fiera.
Le hizo un signo con la mano a Dima, diciéndole que se quedara quieto, para luego salir del manto de árboles que la escondían, dejándose ver. No se presentó asustada ni preocupada, simplemente miró a la ajena y sin apartar la vista de ella tomó la flecha, rozando la punta con la yema del dedo inicie y cortándose apenas con un roce; sonrió- Es una buena flecha. -Declaró, mientras sus ojos, aunque atentos, se mostraban amistosos, sin un sólo rastro de hostilidad- Me llamo Lýkai, del clan Kugg. Estoy aquí en busca de los artae. Soy comerciante. Hay unas medicinas que debo entregar con urgencia. -Con otro gesto de mano le indicó al lobo que se asomara, el cual obedeció con cuidado. La joven tomó una bolsa que colgaba del animal y sacó un paquete, levantándolo para mostrárselo- Eres cazadora ¿verdad? -Sonrió, segura de sí misma- Necesito un guía.
Lýkai
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