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Mensaje por Izayoi Somnus el Dom Mar 19, 2017 7:21 pm

Izayoi Somnus
16 de Octubre
200 reales / 26 aparentes
Masculino
Pansexual
Elfo
Euen
Consejo
"Lejos fue, tiempo atrás, poco a poco se pierde."
©Faniahh/Lala
Descripción Física

Alrededor de 1,80 de altura, de complexión delgada pero ligeramente tonificada en la zona de los hombros y brazos, a lo lejos Izayoi se ve bastante convencional. Uno debe acercarse, correr el cabello corto azul oscuro que cae sobre y en ambos lados de su rostro, e inmediatamente quedará cautivado por sus espléndidos ojos cuya forma alargada y color azul transmiten la belleza y la paz de una noche tranquila, pero eso no es todo, pues bajo su pupila se forma una curva color amarillo que asemeja casi a la perfección una luna en su fase creciente...ahora eso sí es un tema para una conversación o hasta un poema. Tiene la piel clara y lisa, como de porcelana, y un rostro alargado que termina en una fina barbilla bajo unos labios muy poco prominentes.
El azul sin duda es su color y, así como en su cabello y sus ojos, lo lleva casi todo el tiempo en su vestimenta. Le gusta superponer túnicas largas sobre unas más cortas y adornarse con accesorios de algún color contrastante como el amarillo o el rojo, en forma de cinturón y complementos para el cabello. Dejando un poco de lado su elegancia, es raro verlo con algo que no sean sandalias de madera.
Descripción Psicológica
Calmado y consciente de sí mismo y sus alrededores - a veces demasiado -, se lo podría describir como alguien que transmite paz y confianza incluso antes de que pronuncie una sola palabra, simplemente con sus gestos amables. Procura hacerse responsable una vez que se compromete con algo, pues no soporta la idea de decepcionar a alguien ni a él mismo; incluso a veces termina haciéndose cargo de las responsabilidades de otros sin esperar demasiado a cambio, simplemente el menor gesto de aprecio por su esfuerzo le basta para sentir satisfacción, normalmente le alcanza con un agradecimiento o simplemente con la sonrisa del otro; esto es especialmente cierto si se trata de su propia gente, ha crecido viendo nada más que amabilidad y respeto mutuo entre la gente de Euen, y esos son los valores que ha aprendido a estimar y aplicar en su día a día.
Disfruta estar tranquilo, pero no tanto estar solo. Adora a las personas y la compañía de un grupo pequeño de gente cercana a él le resulta especialmente placentera, tanto es así que le cuesta despedirse de alguien que debe partir, aunque sepa que vaya a verle pronto. Es conversador, y le gusta hablar de arte, historia y la naturaleza, pues son áreas en las que tiene vasto conocimiento. Así mismo, aprecia las conversaciones profundas, el intercambio de ideas, el debate y transmitir enseñanzas, así como aprender de otros. Por estos motivos, es de mente muy abierta, pero no tolerará el odio injustificado, ni perdonará cualquier acto que atente contra una o un grupo de personas inocentes, sin importar su raza o su clan, si hay buenas intenciones en su corazón, los prejuicios son simplemente una consecuencia de la historia y el desprecio acumulado con el tiempo.
Ha aprendido mucho de su pasado y ha comprendido que crecer significaba dejar atrás inseguridades y dudas.

Con la gente más cercana a él puede dejar salir su lado más cómico; no es para nada serio, como podría llegar a parecer por su porte y su trabajo y, aunque le cuesta demostrar afecto de manera física o en palabras, aprecia el cariño que otros pueden llegar a darle, el calor de un abrazo, una caricia o un beso, es algo que anhela, pero que teme no poder reciprocar por exceso de timidez. Le encanta oír a otras personas y que pidan por su consejo, ¡eso es algo en lo cual es muy bueno! Esto se debe a que es muy parcial y hará todo por hacerte entrar en razón, por más que la verdad duela, mucho más le duele a él mentir. También aplica a él mismo, es decir, adora sentir que puede abrirse ante la gente y hablar con honestidad de lo que siente y que se sienten a escucharlo, contenerlo y aconsejarlo, pues en todo lo que no esté relacionado con el clan, es bastante inexperto. ¿Qué quiere decir? Bueno, ha tenido amigos, algunas citas, pero no mucho más allá de eso; de modo que si algún día se encontrase en una relación difícil o, por el contrario, involucrado en algo romántico, no tendría idea de cómo actuar y probablemente colapsaría sentimentalmente.

Hoy en día está trabajando en ser más firme en sus decisiones, no puede y no debe dejar que el miedo se apodere de él como se apoderó de algunos de sus seres más queridos. La confianza que su clan tiene posada en él no le generan ya presión, por el contrario, es lo que le da fuerzas para tener la seguridad de que sus decisiones son correctas y el haber sido capaz de mantener la tan preciada paz en Euen le otorgan convicción y lo llenan de ansias por progresar, escribir la historia dejando atrás todo; el único camino posible es hacia delante.
Gustos y disgustos
Gustos: - Las flores; cuantos más colores, ¡mejor!
- La comida. A pesar de su físico esbelto, come cantidades alarmantes y a una velocidad que espanta a quien esté presente. Es capaz de comer lo que sea sin ni siquiera preguntar qué es, aunque su comida predilecta es el pescado. Además, adora el té (algunos consideran que bebe demasiado).
- El campo, los bosques, los lagos y los espacios abiertos donde corre la brisa.
- Adora leer e incluso a intentado escribir. Reitero, intentado.
- Caminar, pasear, solo pasar el rato ya sea viendo paisajes o artesanías en algún mercado o el Centro.
- El entretenimiento en forma de música, bailes o actos.
- La gente ruidosa y con mucha energía. Son tan distintos a él que le divierten y lo animan. También la gente con mucha experiencia, muchos viajes y muchas horas de lectura, pues tienen mucho para contar.
- La ropa con muchos detalles y bordados, así como los accesorios.
- Viajar, aunque sea dentro del propio Euen.

Disgustos: - Estar demasiado tiempo dentro de un edificio o habitación.
- El desorden, ya sea en una habitación o en un sistema.
- Las mentes cerradas y gente testaruda.
- No le gusta para nada el café, ¡otras diez tazas de té, por favor!
- Ser ignorado o ver que ignoran a alguien.
- Tener que ir a que lo revise un médico.
- Las fuertes tormentas.
habilidades, poderes, debilidades y armas
Habilidades: - Es muy bueno con la espada. A pesar de que ya no quiera ser guerrero, disfruta practicar a solas en su tiempo libre para no perder la forma, e incluso ver guerreros practicando, porque simplemente lo considera un arte.

- Es un excelente negociador. Descubre con muy poco esfuerzo lo que la gente quiere y cómo hacer que esto se ajuste para poder él también sacar ventaja.

- Es ágil, rápido y flexible (especialmente lo son sus piernas), lo cual le es útil durante un combate cuerpo a cuerpo en caso de estar desarmado.

- Aprende muy rápido y fácilmente, algo que desarrolló en su época de vivir a base de trabajos temporales.

Debilidades: - Su agilidad intenta compensar su falta de fuerza bruta. Si se encontrase peleando con alguien rápido cómo él, estaría en severa desventaja debido a su falta de práctica.

- Su técnica de pelea es durar más que el contrincante, pues su ofensiva es muy mala y sus ataques no serían muy eficaces contra alguien con mucha energía.

- No sabe usar piedras mágicas y no sabría cómo defenderse de un ataque de este tipo. La verdad, la magia en sí, cuando es utilizada como arma, le da algo de miedo.

- Debido a experiencias pasadas, se le hace hielo la sangre cuando mencionan demonios. No por odio, más bien por el temor que le quedó de aquel trauma de niño.

espada:
Historia
Temprano por la mañana en un pueblo de Euen, el aire tiene un color rosado y un aroma a hojas dulces y al saludo cordial de un viejo campesino. Todos sienten la suave brisa primaveral que mueve las ramas de los árboles, levanta las alas de los pájaros, los elevan al cielo y luego pasa por entre sus dientes cuando sonríen; es la misma brisa, estamos irremediablemente conectados, dinámicos, inseparables. Todo lo que nos mueve es nuestro, es libre, está vivo y despierta con la aparición de un nuevo día. Él pudo verlo todo, solo por un instante en el cual se separaba del sueño y sus ojos encontraban el techo de la habitación. Piso, suelo y paredes de madera reluciente y en el medio de todo aquello, muebles sencillos distribuidos de manera impecable y cubiertos por mantas de fabricación artesanal. Predominan los colores cálidos, todo dentro de la habitación se inspira en el amanecer de afuera, hasta que el joven quien recién despierta rompe con la armonía matutina revolviendo su cabello azul luego de incorporarse en la cama. Se frota ambos ojos con una mano, uno primero y el otro después, y mira a través del ventanal junto a él. ‘’Gran vista, ¿eh?'', pensó, asomándose por la ventana que se extiende a lo largo de prácticamente toda su cama; después de pasar casi toda su infancia recorriendo el continente, uno pensaría que se habría acostumbrado a los impresionantes paisajes, pero el mundo es bello y asombra de igual manera a un experimentado anciano como a un niño inocente.

Asombrado, un pequeño elfo de cabello azul mira sentado a la orilla del Lago de nombre Ul. Señala con su diminuto dedo las monumentales montañas. - Papá, ¿nosotros venimos de allá arriba? - pregunta a un viejo comerciante mientras éste deposita la mercancía de su espalda en una roca lejos del agua. - ¿Que no te dije que el viaje iba a ser corto? ¿Ya extrañas al pueblo? Las montañas no irán a ningún lado y tampoco lo hará Euen. Pero nosotros debemos movernos para vender todas estas piezas que fabricó tu madre y regresar lo más pronto posible... ¡Apresúrate y seca tus pies!

Se calza las sandalias de madera y abre la puerta corrediza de su habitación, terminando de envolverse en una suave túnica azul con finos detalles color dorado bordados en las costuras de las mangas, los hombros y el cuello. ‘’¿Eh…? ¿Estoy solo…?’’, giró la cabeza hacia ambos lados del angosto pasillo. Suspiró. - No hay más remedio…
Se dirigió con el paso agotado hacia la puerta de entrada, pasando por una sala de estar con una alfombra con un patrón floral, unas sillas de gran tamaño y no mucho más; la decoración exagerada no es su estilo, prefiere pocos objetos en armonía a un caos de lujos y extravagancia; hay quienes confunden su falta de decoración con falta de gusto, o hasta miseria, pero él ve la elegancia en el minimalismo, le recordaba a su antiguo hogar en al bosque. ‘’Nuestra función es la practicidad. De la belleza se encarga la naturaleza’’, decían en su familia; los demás elfos en su grupo nunca fueron amigos de la ciudad, los grandes mercados y edificios. Ahora que él vivía solo, salvo por unas periódicas visitas de su madre, y tan cerca del Mercado local, tenía la comida preparada por unos muy pocos exos y aquello había facilitado su pereza, de modo que siempre comía fuera de casa. Y ya su estómago le pedía el desayuno.

¡Papaaá! ¡Tengo hambre…! – subido a los hombros del anciano, el niño apretaba los ojos y se quejaba. Su estómago rugía muy fuerte para su pequeño cuerpo. - ¿Podemos parar a desayunar?
-          Imposible. – le negó el hombre que lo cargaba, con un tono de voz firme, frunciendo el ceño y sin siquiera girarse a mirarlo. – Paramos a comer hace no demasiado; si seguimos haciendo tantas paradas, Torava ya habrá cambiado de familia real cuando lleguemos.
-          ¡No es mi culpa que vivan tan poco! – se cruzó de brazos el jovencito.
-          Eres tan poco tolerante como tu estómago, los humanos de Torava son buena gente… - suspiró.
-          ¡Blegh! ¡Mientras no nos ataquen sin razón y compren nuestras cosas, pueden vivir cuanto quieran!
El anciano rió.
-          Bien, ‘’comerciante experto’’, antes de la próxima montaña pararemos en una cueva a comer algo. ¿Tenemos un trato…?
Al pequeño se le iluminaron los ojos y, sacudiendo sus pequeños brazos en el aire, comienza a canturrear.
-          ¡Pescado, pescado, pescado!


- ¡Pescado…! ¡Pescado fresco, recién traído del Puerto! Oiga, joven, ¿quiere probar un pescado? – Un vendedor en su puesto se para frente al joven de cabello y túnica azul y le ofrece exactamente lo que estaba gritando hace unos segundos; sostiene su mercancía frente a su rostro con ambos brazos estirados, sujetándolo por la cabeza y la parte trasera. – Este… - confundido y algo estresado por la actitud del vendedor pero seducido por la oferta, comienza a considerarlo, rascándose la mejilla con un dedo. Entonces, por un segundo, nota que la cola del pez se retuerce; quizás estaba…demasiado fresco. – Q-quizás otro día, muchas gracias… - pone ambas manos frente a él, con la sonrisa más amable y ligeramente incómoda que pudo forjar, y se aleja caminando de costado, cada vez más rápido.
El mercado central estaba repleto, algo que lo sorprendió dado el horario. Será que el pueblo no duerme, o acaso madruga demasiado. Vendedores gritando, gente que llegaba montada en imponentes animales, cargando bolsas con productos para vender, ¡si tan solo su padre hubiera tenido uno de esos, no tendría que haber cargado con las artesanías que fabricaba su madre, y encima con él todo el tiempo trepado a su espalda! Recordó lo diferente que era de niño, los problemas que les daba a sus padres y a sus cuidadores, lo terco que actuaba cuando no obtenía lo que se proponía, ¡y eso era mucho, era un niño ambicioso…!
Aún así, las multitudes no le alteraban; le agradaba la gente, incluso si le costaba un poco abrirse paso entre la multitud, pues veía tantos rostros diferentes y sentía que quería conocer la historia de cada uno de ellos. Llevaba un tiempo viviendo allí, realizando trabajos que diversificaban desde ayudante en un taller de algún artesano hasta llevando y trayendo mercancías desde el Puerto o alguna granja. Con tantos jefes y compañeros temporales, se hizo conocido por aquellos lugares; a menudo lo saludaban desde algunos puestos, él sonreía y agachaba la cabeza con cordialidad, no quería distraerlos demasiado de su trabajo.
Finalmente, logra alejarse de la zona donde se concentraba la mayoría de la gente. Los puestos de alrededor eran más grandes, estaban menos amontonados y la gente se sentaba alrededor a beber algo fresco y vigilar a los niños que jugaban con palos, fingiendo que eran espadas.
-          ¡No dejaré que saquees nuestro pueblo, demonio!
Unos pequeños jugando llamaron su atención. Se detuvo a observarlos de reojo.
-          Eeeey, ¿por qué yo siempre tengo que ser el demonio…? – se quejaba uno de ellos, bajando los brazos mientras su amigo se mantenía altivo, sosteniendo su espada de madera.
-          ¡Porque yo soy el valiente guerrero! ¿Ves? Tengo la espada, por lo tanto yo soy el guerrero.
-           Ha sido tu turno de tener la espada por los últimos tres días, ¡yo la quiero ahora!
-           Ustedes los demonios del sur envidian todo lo que tienen nuestro clan… ¡Ríndete pacíficamente y vuelve a tus tierras o me veré obligado a usar la fuerza!
Los adultos que los observaban se reían de la situación, y al elfo también se le escapó una sonrisa.
-          Ese niño conoce más de historia que tú a su edad, Izu. – una voz femenina, cálida y familiar lo sorprendió, apoyando en sus hombros unas manos quebradas por el paso de los años.


-          ¡Hy-ah! – el pequeño saltó de una roca a la otra, evitando tocar el agua del arroyo, revoleando una lanza por los aires.
-          Cielos, Izu... – el anciano, quien también portaba una lanza para pescar, se subió los pantalones para evitar que se mojen demasiado y comenzó a caminar hacia el agua –, la última vez que me fijé los peces nadaban, no volaban a la altura de tu cabeza. – lo regañó con algo de humor.
-          ¡Estoy practicando! – aclaró y continuó atacando al aire. – Voy a defender a todos, Papá. ¡Voy a cuidar de ti, de mamá y de todos en el clan! – seguro de sí mismo, golpeó la punta de la lanza sobre la roca donde estaba parado.
-          ¿Ah, si..? – lo cuestionó su acompañante, atentando contra los peces en el agua, sin prestarle demasiada atención. - ¿Y cómo piensas hacer eso?
-          ¡Convirtiéndome en un guerrero, por supuesto! ¡Eliminando a todos los que se opongan a nosotros, siendo el más fuerte!
El sol se ocultaba entre las montañas. La brisa se tornaba fría y todo fue muy silencioso durante unos largos instantes; solo el ruido del agua fluyendo acompañaba la atmósfera. El anciano, inmóvil, entrecerró los ojos y se giró hacia el niño, con un tono severo y una filosa mirada.
-          ¿Cuántas…? – comenzó a hablar, capturando la atención del menor, quien ya no se veía tan seguro y altivo. - ¿…cuántas vidas debemos tomar para sentirnos a salvo? – algo en la actitud del inocente Izayoi había activado una memoria, un oscuro sentimiento en el hombre de avanzada edad. – La verdad es que mientras haya dos personas en el mundo, alguien va a querer muerto a alguien… - con un tono de voz cada vez más alto - ¡El orgullo de Euen es saber que conocemos algo mejor! – El niño levantó las cejas y abrió los ojos con sorpresa. Nunca lo había oído hablar de esa forma; sabía muy bien que el hombre no era demasiado adepto a la lucha y mucho menos a las guerras, pero ¿qué tan entusiasmado se puede estar con respecto a la paz? – Somos afortunados, Izu, que nunca se te olvide eso.
El pequeño luchó por intentar comprender de qué se trataban esas palabras. No sabía demasiado de historia, pero podía percibir el dolor en aquellas palabras. ‘’Afortunados…’’, pensó poniendo un pie en el agua, notando como todos los peces lograban seguir el caudal del arroyo, escapando por poco del filo de la lanza.

-          Escuché que te irás lejos…
La mujer que había llamado su atención durante el espectáculo de los niños ahora le servía un humeante plato repleto de carne y legumbres. Sentado observando la delicia frente a él, se acomoda una tela que pasaba por servilleta alrededor del cuello de su túnica para asegurarse de no ensuciarse.
-          Así es. – asiente con la cabeza, tomando un cubierto y juntando con éste algo de la comida. – Parece que ya no me vas a tener todos los días decorando tu restaurante con mi presencia – bromeó, aunque es verdad que su porte elegante y sus finos rasgos causaban cierta impresión entre la clientela habitual. – ...Pero vendré a visitar, no creo poder vivir demasiado tiempo sin comer algo tuyo, ya lo llevo en la sangre…- y con eso, se pone un bocado en la boca; y luego otro, y otro, aumentando la velocidad con cada ingestión.
-          Un cliente perdido es un cliente perdido… - suspira ella, ya pensando en el dinero que va a perder una vez que semejante glotón ya no sea habitual en su negocio. – Hablando de visitas, ¿tu madre ya volvió al bosque? Oí que se estuvo quedando contigo unos días…
Con una expresión más seria, bajó el cubierto y se limpió la boca con el paño atado a su cuello.
-          Se fue antes de que yo despertara… - hizo una pausa larga. Aunque no lo demostrase, adoraba a su madre; simplemente no es bueno para demostrar cariño a un nivel físico o verbal, cree firmemente que el mayor afecto se demuestra a través de las acciones, pues así fue criado. – Es mejor así; soy pésimo para las despedidas y también ella las detesta…- continuó con su comida, más despacio esta vez.
-          ¡Ustedes dos son increíbles! ¡Para ser una artista, a tu madre sí que le faltan sentimientos! – la mujer no podía creer la falta de calidez con la que se manejaba esa familia – Si hubieras sido mi hijo... – lo rodea con un brazo y le pasa la mano por el cabello de forma muy afectuosa, irónicamente, casi violenta. - ¡te habría mimado hasta que te saliera amor por las orejas!
Anonadado y algo incómodo, al elfo se le llenan las mejillas de rojo (de la vergüenza o por la fuerza con la cual la mujer lo estrujaba) y comienza a mover las pupilas de un lado a otro, buscando la forma más amable de zafarse.
-          ¡Pero si eres como de la familia! ¡Eres amiga de mi madre desde mucho antes de que nacieras, te considero una tía! – viendo como la mujer aflojaba el apretón, se pasa la mano por el cuello, adolorido. – Es más, estaba convencido de que eras mi tía, hasta que me enteré de que ni siquiera naciste en Euen, ni eres un elfo…
-          ¡Así es! ¡Yo solo estoy de paso! – ríe - ¡Estuve de paso durante los últimos setenta años! – le da una palmada en la espalda al joven, otra vez sin controlar su fuerza, y se sienta frente a él. – Mi sobrino-de-otra-raza, con un puesto en el Consejo… - lo mira con una mezcla de dulzura y orgullo.
-          Ya, todavía no está nada confirmado, aún estoy a prueba… - le corrige, intentando desviar la atención de sí mismo, avergonzado e intentando sonar humilde, aunque es verdad que todo aquello lo tenía muy nervioso. - ¿Qué ocurre si pierdo el control…? ¿O si tengo un mal día y provoco conflicto entre nosotros y otro clan…? ¿Qué ocurre… - mira hacia abajo, el cabello azul cae a los costados de su rostro - …si no puedo proteger a nadie…?


Cae la noche en Artae. La luna se asoma sobre un valle que contiene un vasto complejo de cavernas enfrentadas, paralelas, conectadas entre sí. Al ser una zona cercana a la frontera con Torava y Euen, no extraña ver que muchas de ellas están ocupadas por comerciantes y sus grandes bolsas y animales de carga que se ponen a beber en la fuente natural de agua más cercana mientras sus amos intentan conciliar el sueño, pues están cansados de tanto viajar, algunos recién emprendiendo su viaje, mientras que otros están por arribar al destino planeado. Otros simplemente son lugareños con su hogar en aquella zona de clima tan agradable, quienes a este punto ya deberían estar acostumbrados a la presencia de toda esta gente ajena a ellos.
A pesar del viento que se escurre entre las rocas y el sonido que la mercancía hace cuando este las sopla, el anciano y el niño duermen de forma pacífica, apoyados uno junto al otro contra la pared de la cueva en la cual encontraron refugio esa noche. De repente, el pequeño despierta moviendo las orejas pues le pareció escuchar un sonido proveniente de una cueva próxima a ellos. Se incorpora de golpe e intenta escuchar con atención para averiguar si efectivamente había oído algo inusual o si el sonido provenía de sus sueños. Después de permanecer un rato inmóvil, se escuchó el mismo sonido otra vez: un quejido, que parecía un alarido de dolor, seguido de una risa. Naturalmente, lo venció su curiosidad de niño…no, siempre fue tremendamente curioso, y siempre lo será. Se puso de pie y miró hacia todos lados intentando descubrir exactamente de qué dirección provenían las voces. Una vez que lo descubrió, se dispuso a salir de la caverna, despacio, asegurándose de no despertar a su acompañante adulto. Justo cuando está por salir, logra ver apoyada contra la pared una funda con un mango sobresaliente; lenta y silenciosamente se acerca hacia el objeto, lo toma y lo saca de su vaina para observar su contenido. El filo de la hoja de la espada refleja la luna contra sus ojos y su cabello, del mismo color de aquel cielo nocturno. Había visto como el anciano practicaba con ella en el bosque, allí en su hogar, más nunca lo había visto usarla en contra de nadie, mucho menos le permitía usarla él mismo, y probablemente lo regañaría de forma muy severa si se fuera a enterar de que la estaba sosteniendo ahora. El niño se pierde pensando en todo aquello hasta que otro alarido lo distrae de sus propias imágenes mentales; por supuesto, no tenía idea de cómo utilizar el arma, pero era mejor que ir desarmado.
Sale de la cueva arrastrando el sable con su funda con algo de dificultad pues es del mismo tamaño que su cuerpo (no es mucho decir, aún era muy joven para pegar el estirón), y se mueve con cuidado en la dirección de los sonidos. Cada vez puede distinguir mejor los sonidos, las voces se vuelven palabras más claras y ahora además se escuchan golpes entre medio. Se detiene al llegar a su destino, justo en la entrada de una cueva, y sosteniendo la espada con ambas de sus pequeñas manos se apoya contra la roca, asomándose para contemplar la situación.
-          ¿¡Ya tuviste suficiente, eh!?
Alrededor de una fogata, tres personas entre los que se podían distinguir dos hombres y una mujer, rodean y miran hacia abajo, con los brazos cruzados o las manos apoyadas en sus caderas. Los tres poseían características similares: cuernos, garras, colmillos. ‘’¿Demonios…?’’, pensó el jovencito. Nunca había visto uno, solo sabía por lo que le enseñaban los adultos que eran criaturas viciosas y conflictivas, violentas, de las cuales era mejor mantenerse lejos. ‘’¿Qué están haciendo aquí? No parecen comerciantes…’’. Efectivamente, no estaban allí para negociar. Cuando el niño logró desviar su atención de los llamativos rasgos de los extraños, bajó la mirada y logró observar la fuente de los alaridos de dolor.
-          ¡Si quieres que me detenga, solo hace falta que lo pidas, artae!
Uno de ellos, quien parecía ser el líder o algo por el estilo, estaba parado frente a lo que parecía ser un ser corriente, quizás un humano, a quien le estaba pegando patadas en el estómago.
-          P-por favor, deténgase… - se quejó la víctima de los ataques en voz muy baja, retorciéndose en el suelo, cubierto de arañazos y polvo en toda la cara.
-          ¿¡Eh!? ¿¡Qué fue eso!? – el demonio continuó pateándolo, fingiendo no haberlo escuchado. - ¡No me pide que me detenga! Parece que la gente de este clan disfruta del dolor; de lo contrario, no habrían iniciado la guerra hace tantos años, ¿me equivoco, artae? – lo miró, mostrándole los dientes, con una sonrisa arrogante. Claramente para él, el gentilicio de ese clan era como un insulto.
‘’La guerra…’’, pensó, horrorizado por los actos que está presenciando, pero también recordando las palabras que había oído antes; ‘’¿…cuántas vidas debemos tomar para sentirnos a salvo?’’, ‘’La verdad es que mientras haya dos personas en el mundo, alguien va a querer muerto a alguien.’’, recordaba, al fin comenzando a comprender a qué hacían referencia esas palabras; ‘’El orgullo de Euen es saber que conocemos algo mejor’’, pensó en voz alta para sí mismo y tomó la espada por el mango, preparándose para desenfundarla. – Nosotros conocemos la justicia. – se dijo a sí mismo y dio un paso al frente. Pero justo antes de hacer algo de lo que se arrepentiría, un estruendo lo detuvo.
Todos alrededor se quedaron atónitos, incluyéndolo a él mismo y a los demonios, cuando el hombre que estaba siendo torturado se levantó, los ojos le brillaban de un color violáceo y de sus manos salía un humo del mismo color. Frente a él estaba el líder del trío de demonios, estrellado contra el suelo, herido de forma muy severa. Para la sorpresa de todos los presentes, con un solo movimiento, el hombre lanzó otro conjuro que golpeó al demonio ya caído en el pecho, haciendo que este gimiera de dolor. Sus dos acompañantes, incrédulos y asustados, aprovecharon para salir corriendo lejos de la cueva, ignorando totalmente la presencia de Izayoi, quien aún no podía terminar de procesar lo que presenciaba. ‘’¿¡Un mago!? Qué tremendo poder…Pero…’’, pensaba, aferrado a la espada, temblando en confusión ‘’… ¿por qué antes no se defendía…?’’.
Ya toda la gente que dormía en cavernas próximas se encontraba despierta y algunos de ellos se asomaban a ver qué era todo aquel escándalo. Después de una pausa en la que el mago jadeaba, intentando recuperar el aliento, el demonio comenzó a voltearse y, acostado boca arriba en el piso, sonrió.
-          Desgraciado, cobarde, estás maldito… - soltó una risa, llamando la atención del mago, quien se acercaba a el con pasos firmes. - ¡No puedes hacerme nada! Esto es solo un rasguño comparado con lo que te haré cuando logre levantarme, a menos claro… - se limpia la sangre que caía de su boca con el antebrazo - …a menos que me mates ahora. – El mago se detuvo y lo miró desde arriba, con disgusto, como antes lo habían mirado a él. - ¡Pero no lo harás porque estás maldito! ¡Tú y todo tu podrido clan! ¡Nadie ha hecho ni hará nada por ustedes, se pudrirán entre estas montañas!
Y eso fue lo último que se oyó antes de un último estrépito. Una luz muy fuerte cegó al pequeño un instante, obligándolo a cubrirse los ojos. Cuando los abrió, la fogata estaba extinguida y el demonio yacía en el suelo de tierra, muerto. Izayoi tomó una fuerte bocanada de aire, en sorpresa y horror, y se cubrió la boca con ambas manos para evitar vomitar, dejando caer la espada. El mago apretó los puños y se dio media vuelta, sollozando.
La gente alrededor murmuraba, señalaba y se llevaba las manos a la boca, afligida. Las primeras luces del día comenzaban a asomarse, casi invisibles por las nubes grises que cubrían el cielo. Luego de algunos truenos de advertencia, comenzó a llover bruscamente. El joven elfo seguía contemplando la escena con los ojos muy abiertos, incapaz de moverse por la angustia. De repente, oye al anciano gritando su nombre, pero ni siquiera entonces desvía los ojos en su dirección.
-          ¡Izayoi...! – el anciano corre, salpicando, con una tela que sostiene con ambas manos sobre su cabeza, para cubrirse de la lluvia. - ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Estás empapado! – El niño sigue sin reaccionar - ¿Izayoi…? – El hombre gira la cabeza para ver lo que el pequeño estaba viendo y, luego de unos instantes de confusión, logra entender algo de lo ocurrido y se apresura a cubrirle los ojos al niño con una mano. - ¡Izayoi, ¿qué demonios crees que haces?! – con el brazo libre, lo rodea y lo pega a su cuerpo, abrazándolo. El joven siente el calor del abrazo y se deja caer sobre el hombre; una sola lágrima rueda por su mejilla.

-          ¡Ya…me…estás…lastimando…! – Izayoi, ya lleno por la comida, intenta liberarse de un segundo abrazo, esta vez de pie y con ambos brazos de la mujer rodeando su delicado cuerpo, sin intención alguna de medir su fuerza. - ¡Si no me voy ahora, no llegaré jamás al Consejo…!

-          ¡Mi pequeño ya es un hombre gigante con un trabajo estable! – la voz de la mujer tiembla, como a punto de llorar - ¡La próxima vez que lo vea va a estar casado, con diecisiete esposas y diecisiete esposos, diez hijos de cada una y once adoptivos! – lo estruja cada vez con más fuerza.

-          ¡O-oye, no soy así de promiscuo! – con el rostro hirviéndole de la vergüenza - ¡Y ya te dije que lo del trabajo no está confirmado! – le pone los nervios de punta tener que repetir las cosas; intenta sonreír pero se siente agobiado por el exceso de cariño.

Finalmente, la mujer lo deja ir (o más bien, lo baja), secándose las lágrimas con el delantal que lleva puesto. Izayoi le da un abrazo más delicado, con una sonrisa cálida en el rostro, apoyando sus delicadas manos en la amplia espalda de su acompañante. Este es el adiós, al menos por ahora.


Unas horas más tarde, el sol se está por poner. En las afueras del pueblo, Izayoi espera desde hace ya un largo rato el transporte que se supone lo llevaría hasta el Consejo de Euen, donde comenzarían a prepararlo para su primer día de trabajo allí. Bien, eso se suponía, pero apoyado contra una pared de piedra, el joven comienza a hacerse la idea de que eso no pasaría.
-          ¡Aghhh! – Frustrado, aprieta los ojos y cruje los dientes, despeinándose con ambas manos - ¡Sabía que no debí haberme quedado tanto tiempo en el restaurante! – hablando solo, atrae las miradas de algunos campesinos que están de paso. – ¡Seguro decidieron irse sin mi! ¡Se cansaron y me dejaron tirado! – con un tono dramático, se deja caer al suelo sobre ambas rodillas y con ambas manos apretando su túnica. - ¡Ni siquiera comencé a trabajar y ya fallé! ¡No hay manera de que llegue al Consejo a tiempo…!
Está a punto de rendirse y volverse a casa, pero un campesino muy delgado, muy barbudo y muy anciano escuchó sus lamentos desde la casa con paredes de piedra en la cual se estaba apoyando.
-          Joven, ¿dijiste que ibas al Consejo…? – lo detiene el hombre.
-          Así es…iba… - deprimido, sin cesar de caminar en dirección de regreso al pueblo.
-          Bueno, pues yo voy en esa dirección y no me vendría mal una ayuda cargando mis mercancías en la carreta…
Al elfo se le iluminan los ojos y levanta la cabeza, entusiasmado. Rápidamente, se voltea y va hacia el hombre.
-          ¡Muchas gracias, señor! ¿Por dónde empiezo? – le sonríe alegre y de manera muy dulce.
-          Bien, pues…pon primero tus pertenencias en la parte trasera. – Sugiere, inexpresivo.

Izayoi obedece y toma su escaso equipaje, el cual consiste en simplemente un bolso grande de tela, del cual sobresale el mango de un arma blanca. Notando esto, el hombre barbudo levanta las cejas, haciendo fuerza para fijar la mirada y, mientras el joven comienza a cargar las mercancías, aprovecha a preguntarle.
-          ¡Oh, una espada! – sorprendido, mirando el arma fijamente. – Se ve antigua, del período de la guerra… ¿Es usted un guerrero, joven…? – Se corrige, comenzando a considerar la posibilidad de que la espada haya sido siempre suya - Disculpe, ¿qué edad tiene…?
-          ¿Eh…? – asomando la cabeza desde atrás de una de las cajas que tiene en sus brazos, se da cuenta de que se refiere a su espada.- ¡Ah, no, no soy un guerrero, tampoco parezco uno! – sonrió, burlándose de sí mismo, apoyando la caja sobre la carreta y luego rascándose la cabeza nerviosamente. – Yo soy muy joven, apenas tengo doscientos años…– El hombre hace una leve mueca ante la revelación - La espada ha estado en mi familia durante siglos, desde la época del continente unido, muchos de sus dueños sí fueron guerreros… ¡A-aunque sí sé usarla! – se apresuró a aclarar, para que el hombre no crea que es un completo inútil y que solo carga la espada para quedar bien ante los extraños. – Mi padre me enseñó a usarla, yo estaba muy empeñado en ser un guerrero cuando era niño…

-          Bien, Izu... – a la orilla de un lago, en el atardecer, en medio de la belleza natural de los bosques, el anciano le tiende al pequeño una espada de madera, de aquellas con las que juegan los niños. -, si tanto insistes en usar la espada, yo te enseñaré a pelear como un guerrero. Lo primero es demostrar honor y elegancia cuando……

-          Este, si, joven, eso se oye muy interesante, pero la mercadería no se va a transportar hasta el Consejo por sí sola.
El anciano interrumpe las dulces memorias del elfo con su voz chillona y su tono inexpresivo, alcanzándole otra caja para que cargue en la parte trasera de la carreta.
-          Ah, no, claro que no…- Izayoi intenta formar una sonrisa amable, algo ofendido por la interrupción, mientras carga la última de las cajas.
Después de unos minutos en silencio, el hombre barbudo se sacude las manos y mira la carreta completamente cargada con satisfacción.
-          Bien, joven, eso es todo. Creo que ya estamos listos para salir… ¿Joven…? – gira la cabeza en dirección al elfo.
Izayoi mira al sol ponerse en el horizonte del pueblo. Estaba acostumbrado a abandonar su hogar, pero esta vez sentía algo distinto; sentía que algo iba a ser completamente distinto una vez que llegara a su nuevo destino, y que si volvía allí en algún momento, iba a volver como una persona completamente nueva, distinta…
-          ¡Joven! ¿Acaso no tenía prisa...? – el barbudo le grita, subido a su carreta y sujetando las cuerdas que amarran al animal que tirará de ellas.
-          ¡Ya voy...! – le devuelve el grito y suspira viendo el pueblo una última vez, con una sonrisa melancólica.

Por fin, se voltea y corre hacia la carreta, sentándose en la parte trasera abrazado a su espada como un niño a un juguete antes de dormir. El hombre le da la orden de arrancar al animal y sacude las sogas, haciendo que la carreta comience a avanzar. Pronto, Izayoi entrecierra los ojos y lo último que logra ver es el pueblo ocultándose como el sol en el horizonte, detrás de una colina; cierra definitivamente los ojos y cae profundamente dormido, con una sonrisa en su rostro.


Las manos sudorosas sujetan con fuerza el mango de la espada de madera. Los pies separados, firmes sobre el suelo acompañando al cuerpo, fijo en dirección al oponente. Un traje de botas, pantalón y blusa negra sin mangas, dejan ver los brazos completos y la espalda parcialmente descubierta; es la figura de un hombre que no depende demasiado de su fuerza bruta, pero sí de su agilidad, que es la gran ventaja que un cuerpo pequeño, delgado y apenas tonificado le puede ofrecer. Izayoi ha crecido y se ha convertido en un apuesto joven; ahora la espada de su familia le queda como hecha a la medida y para su propio estilo de pelea.
Respira hondo…exhala, sin marearse, sin perder el equilibrio, a la espera del primer ataque. La regla de este duelo es un toque, un punto.
-          ¡Recuerden, este duelo es imprescindible para completar su entrenamiento! – Anuncia un guerrero encargado de preparar a los reclutas - ¡Aún les queda un muy largo camino, pero los resultados de hoy determinarán si tienen o no lo que se necesita para proteger su clan, a su gente, a sus seres queridos y a ustedes mismos! – El elfo y su compañero recién iniciado se miran fijamente, esperando la señal. - ¡Con eso claro, les deseo a ambos la mejor de la suerte, y que el mejor futuro guerrero de Euen gane!
Se hizo una pausa larga en la cual el instructor se movió de su lugar para no quedar en medio de la pelea. El sudor caía por el rostro de ambos contrincantes mientras se miraban fijamente. Pasaban los segundos en perfecto silencio, aumentando la presión, el ritmo cardíaco y cada tanto, las náuseas y las ganas de renunciar y salir corriendo. No era un duelo a muerte, pero si uno de ellos lo hacía muy mal, su vida como guerrero se había acabado. No era el momento de tener dudas, ni de distraerse. La pausa se termina con el sonido de un instrumento de viento, que anuncia el comienzo del combate.

-          ¡Aghhh! – su oponente levanta la espada con ambos brazos y corre hacia el elfo para dar el primer ataque, con una brutalidad increíble.
‘’Bien Izu, lo primero es demostrar honor y elegancia cuando esquivas al oponente’’, repite las lecciones de su abuelo y desliza un pie hacia el costado, haciendo que su cuerpo rote justo en el instante en que el oponente da el golpe. La espada de gruesa madera golpea fuerte contra el suelo y levanta polvo. ‘’El primer ataque es el más furioso, nunca se devuelve con un contraataque, te pone en desventaja física’’; da un paso hacia delante y queda al costado de su oponente, quien levanta la espada del suelo para atacar otra vez, ahora desde el costado. ‘’Pero las piernas no son solo para huir si la cosa se pone fea…’’, piensa esquivando el feroz ataque de costado, agachándose casi hasta quedar sentado en el suelo; la espada del oponente pasa sobre su cabeza y el cuerpo queda rotado hacia la izquierda, donde su espada lo llevó. Es entonces que rápidamente Izayoy se incorpora, toma impulso y da un giro con la pierna levantada y patea su espalda, poniendo al contrincante en manos y rodillas; ‘’…todo tu cuerpo es un arma, no te limites a ser un buen espadachín cuando puedes ser un gran guerrero. ’’ . El peso de su oponente hace que le sea difícil levantarse, cuando siente el toque de la madera en la parte trasera de su cuello; si fuera una espada real, ya habría perdido la cabeza.
-          ¡Toque! ¡Punto y, dado que el oponente no podría recuperarse de una decapitación, es duelo para Somnus!
Izayoi jadea para recuperar el aliento y sonríe, tendiéndole su mano a su oponente y felicitándolo.
-          Buen duelo, felicitaciones. – ambos estrechan sus manos, felicitándose entre sí, sin ninguna clase de rencor o celos, como buenos compañeros.
-          Felicitaciones, Somnus. – se acerca a él el instructor de antes y coloca una mano en su hombro, sonriéndole. – Te falta un largo camino para ser guerrero, pero tienes una muy buena base.

Esa misma noche, Izayoi está en el cuarto donde se está quedando temporalmente. Después de haberse bañado, se pone una túnica blanca muy sencilla, la cual claramente es demasiado grande para su cuerpo, pero se siente cómodo en ella. Aún sin poder creer lo de esa tarde, se echa boca arriba en la cama, satisfecho. ‘’No lo puedo creer, finalmente…’’, cierra los ojos y se pone a fantasear sobre cómo va a ser llegar a donde vive su familia y decirle a sus padres y a la amiga de su madre a quien adora como tía que se había convertido en un guerrero…bueno, aún le falta para aquello, pero está en el camino correcto.
Su delirio es interrumpido cuando tocan la puerta de su habitación. ‘’¿Eh…?¿A esta hora de la noche…?’’, piensa confundido y se levanta para abrir la puerta corrediza. Una de las hijas más jóvenes de la familia con la cual se está quedando lo mira desde abajo.
-          Este…Señor Izayoi… - el elfo no comprende si la chica es tímida o algo en él la intimida – Llegó un mensaje para usted…parece urgente. – la joven le tiende un papel enrollado y se aleja rápidamente sin decir más.
‘’¿Un mensaje…?’’; lo desenrolla e inmediatamente reconoce la letra de su madre. Toda la alegría de hace un momento se desvanece en un instante y su rostro parece caerse.

‘’Tu padre tuvo otra recaída. No sabemos si se recuperará.’’


-¡Joven…! – una voz se escucha borrosa - ¡Joven, ya llegamos al Consejo…!
Izayoi se despierta en la carreta; ¿había dormido todo el viaje…?
-          Muchas gracias, señor… - aún dormido, se frota el ojo con el puño y luego mete el brazo en su bolso de pertenencias y saca un par de exos para pagarle al hombre por su servicio.
-          ¡Nada de eso, joven! – lo detiene el barbudo, volviendo a sentarse en el frente del vehículo - ¡Guárdelo, ahorre para algo para ponerse en el Centro que no lo haga parecer como si hubiera pasado su vida en un bosque! – concluye con brutal honestidad, alejándose en su carreta.
-          Pero, ese es precisamente el caso… - frustrado, mira su querida túnica azul. – Yo no le veo lo malo…
-          ¿Izayoi Somnus…?
Una voz femenina y juvenil lo llama desde la puerta del Congreso. Solo entonces el elfo se voltea y nota lo imponente que es la pieza de arte de la arquitectura que tiene frente a sus ojos, solo la belleza de la naturaleza se le compara.
- S-Si, soy yo. – junta las manos y hace una reverencia, avergonzado y decepcionado consigo mismo - ¡Lamento muchísimo llegar tarde!
Dos mujeres vestidas muy elegantes le sonríen con amabilidad y se turnan para hablarle.
-          ¡No se preocupe! Nosotras somos parte de la administración, vamos a explicarle algunas cosas sobre cómo funciona este lugar, por favor acompáñenos.
-          Si tiene alguna duda durante el recorrido, no dude en preguntarnos.
Los tres entran al edificio y comienzan a recorrer las habitaciones principales; cada una es más bella y más formidable que la anterior.
Estuvieron así toda la tarde, caminando por el lugar, detallando reglas y códigos sobre el puesto de trabajo, con los cuales Izayoi estuvo de acuerdo enteramente y prometió hacer valer y cumplir a toda costa, hasta el punto de tener que haber firmado un acta mostrando su compromiso, lo cual hizo sin ningún problema. Una vez habiendo pasado por todo el edificio principal, se detuvieron en lo que parecía ser una sala de reuniones. Las dos jovencitas se sentaron una junto a la otra en un sillón frente a una mesa de madera reluciente, mientras que él se acomodó en una silla del lado opuesto, enfrentándose a ellas.
-          Bien, señor Somnus, ¿recuerda el reporte que pedimos que nos presentara? – preguntó una.
-           Lamentamos tener que someterlo a eso; pero verá, muchas veces no alcanza con tener el apoyo del pueblo… - continuó la otra.
-          Entiendo perfectamente, no fue ningún problema escribirlo. – sonrió – Honestamente, una vez que comencé, hasta me resultó difícil detenerme. – se encogió de hombros.
Las muchachas le devolvieron la sonrisa y sacaron de un cajón dicho reporte; Izayoi enseguida recordó la semana que pasó tomándose madrugadas enteras para escribir y aún así, lo nervioso que se sintió en el momento de enviarlo.
-          Señor Somnus... – una de las jóvenes sostuvo el informe entre sus manos y se dirigió hacia él – No pudimos evitar notar que mencionó muchas veces a su padre en el texto, sin duda él fue un hombre muy importante para usted… - mirándolo fijamente – ...si me permite preguntar, ¿qué ocurrió con él? ¿Qué hizo cuando recibió ese mensaje luego de su primer duelo en su preparación como guerrero? Y, ¿por qué no es usted un guerrero hoy…?
-          Bien… - suspiró, agachando la cabeza y frotando una mano contra su cuello; comenzó a contarles.


-          ¡Mamá! ¡Estoy en casa!
El joven entró abriendo con ímpetu la puerta de la casa donde la familia de elfos residía, en medo de un bosque al extremo oeste de Euen. Su madre estaba tallando madera para una de sus artesanías, sentada en la mesa de la cocina. Ni siquiera levantó la mirada para verlo.
-          Izayoi, te tomaste tu dulce tiempo en llegar… - su madre de por sí era una mujer arisca, y no estaba pasando por un buen momento.
-          ¡Lo siento mamá, vine en cuanto pude, tuve una decisión que tomar…!
-          Bienvenido a la vida, Izu. – lo miró un instante y continuó tallando.
-          Yo…- bajó los hombros y la mirada - ¿dónde está papá…?
Se hizo una pausa larga, donde su madre no emitió ni un sonido, no se escuchó nada más que el sonido de la madera siendo tallada. En ese tiempo, Izayoi solo se imaginó lo peor.
-          Tu padre… - finalmente habló ella. Su hijo levantó la cabeza, con el rostro lleno de preocupación y nervios. –…está en la habitación. – le señaló el camino con la cabeza y continuó su tarea.
Se apresuró al pasillo que conducía a la habitación, pasando por el costado de su madre. Caminó con prisa, ansioso por ver a su padre. Su padre estaba muy enfermo cuando él se fue para unirse a los guerreros. Al parecer, durante uno de sus viajes como comerciante había terminado en territorio muy cercano a Karr, y los episodios de violencia que presenció allí habían despertado algo en él, alguna visión sobre las antiguas guerras, y su salud mental comenzó a deteriorarse rápidamente. Luego, cuando comenzó a entrenar a su hijo para que este pudiera pelear, sus miedos crecieron, el estrés fue demasiado y…
-          ¿Papá…?
Izayoi entra a la habitación y se encuentra con aquel anciano con el que había crecido. Ni siquiera era su verdadero padre, pero era el hombre que había cuidado de él desde la desaparición del real. Izayoi sabía esto, pero creía firmemente que el anciano se merecía ese título, pues había actuado toda su vida como tal.
El anciano se voltea y sonríe, sentado, sin decir absolutamente nada.
-          ¡Qué alivio que estés bien! – camina hacia él y lo abraza. Ahora él es mucho más alto y puede rodearlo con sus brazos. Sonriente, se aparta - ¡A que no lo adivinas! – Emocionado - ¡Me convertiré en guerrero! Es decir, te digo esto desde que soy niño, ¡pero realmente ocurrirá!
Se hace una pausa en la que el anciano borra la sonrisa de sus ojos y el pánico inunda su rostro. Repentinamente, se abalanza contra el joven, apretando su túnica.
-          ¡No lo hagas! ¡No te conviertas en guerrero! – desesperado, suplica el hombre, al borde de las lágrimas. - ¡El dolor…la sangre, la pena, la tristeza, el hambre, la maldición, la miseria, la inocencia, las noches, las armas, los hermanos, los cuerpos…! – el hombre colapsa y cae de rodillas al suelo, ante la mirada desolada del joven elfo. - ¡Mi pobre esposa…mi pobre yo…mi pobre hijo, Izayoi! ¡La guerra lo tomó todo…!
La confusión y la pena se apoderaron del hombre de cabello azul, quien sujeta las manos del anciano, desesperado.
-          ¡Papá, soy yo, Izayoi, estoy bien! ¡Madre también lo está y tú…! – su voz se vuelve cada vez más débil, como si él estuviera a punto de quebrarse. - Y tú…

Las dos jóvenes escuchaban petrificadas la historia de cómo Izayoi decidió no volver a pretender ser guerrero.
-          Mi padre cree que todo fue la guerra. Nada antes, nada después… - concluyó el elfo su relato. Después de una pausa en la que nadie se atrevió a hablar, secó una lágrima con la manga de su túnica y sonrió, volviéndose a las chicas. – Yo conservo los recuerdos de mi padre, aquellos que pertenecen a una época de relativa paz entre nosotros. Esta me pareció la manera correcta de volverlos inmortales.
Las muchachas se echaron una mirada cómplice y asintieron con la cabeza, para luego volverse hacia él.
-          Bien, el objetivo del informe era tener una mejor idea de ti, ya que tu tienes bastante idea de nosotros y nuestras reglas…
Izayoi abre los ojos de par en par, ansioso.
- ¿Y bien? - carismático, casi con un tono de bromista. - ¿Soy aquello que esperaban de mí…?
versión para quienes valoran su tiempo(?):

Imaginen una pequeña casa en el bosque, bastante lejos de todo. Ahora, imaginen un elfo muy anciano (si pueden, pues son criaturas tan atractivas y de aspecto tan juvenil que si ven uno con arrugas, lo más probable es que ni siquiera él recuerde su edad), quien pasa por aquella choza de camino al Pueblo en un rincón de Euen y no puede evitar oír el llanto incesante de un recién nacido. Un rato muy largo transcurrió y nadie calmaba a la criatura, así que el anciano golpea la puerta. Y solo con eso, se abre. El lugar se ve completamente abandonado, excepto por un pequeño elfo con pocos días de vida, de profundos ojos azules y cubierto solo por una manta también azul con la palabra ''Somnus'' bordada. Ese niño sería su nueva familia. Esto ocurrió un 16 de octubre.

El anciano era un comerciante que viajaba por los clanes vecinos vendiendo las artesanías que su esposa fabricaba. El niño, al cual decidieron ponerle el nombre de Izayoi, había crecido muy cercano a su nuevo padre y pronto insistió en que este lo llevase en sus viajes; era un niño muy enérgico y extremadamente curioso, a veces arrogante, pero siempre con la inocencia de la brillante juventud. El anciano le contaba historias, tratando de educarlo, sobre los guerreros que vivieron en su familia, lo cual lo inspiró a querer ser guerrero él también, como sus antepasados adoptivos.
La edad de la inocencia terminó durante uno de aquellos viajes cuando, descansando en Artae para abrirse paso hacia Torava, el pequeño presenció una demostración de lo crueles que pueden ser otros clanes, especialmente contra los artae, y lo peligroso para ambas partes que podía ser que ellos respondieran con violencia. Presenció la tortura de un mago artae y el posterior asesinato por parte de él mismo a uno de sus atacantes, un demonio, probablemente de Karr. Después de aquello, al anciano no le quedó más remedio que explicarle a Izu sobre la Guerra que dividió el continente y sus consecuencias sobre quienes la iniciaron. Al contrario de lo esperado, ese conocimiento despertó un ansia en Izayoi por defender a los más débiles y luchar por la justicia. A esa misma edad comenzó su entrenamiento con la espada; pero los beneficios que obtuvo él de estas lecciones le trajeron consecuencias muy graves a la salud mental del anciano, quien parecía conmocionarse con la sola mención de la violencia.

Años más tarde, el elfo joven abandona el nido de sus padres; va a prepararse oficialmente para ser un guerrero. Al principio todo marcha como corresponde; practicar con su padre trajo sus frutos y los guerreros con experiencia lo ven como un potencial miembro de sus filas...Pero todo cambia con un mensaje de su madre. Su padre enfermó gravemente y está muy inestable. Izayoi abandona inmediatamente su entrenamiento y viaja al bosque donde vivía cuando no estaba viajando. Encuentra una casa fría con una madre indiferente, y cuando se dirige a la habitación donde está su padre...ya no era él. El anciano había perdido totalmente la cabeza. En su delirio, la Guerra aún continuaba y él lo había perdido todo, incluyendo a su esposa y a su hijo. Lo último que le hizo el anciano fue rogarle al joven elfo que no peleara, que no siguiera el camino del guerrero porque allí hallaría solo miseria. Izayoi obedece y renuncia al entrenamiento, aunque conserva la espada de sus antepasados.

A partir de ese momento Izayoi se mudó solo al pueblo, solo recibiendo visitas ocasionales de su madre. Realizó todo tipo de trabajos, desde carga, hasta transporte, venta, cocina manualidades...prontamente, se hizo una figura conocida entre los comerciantes y campesinos. La gente confiaba en él y pronto llamó la atención de la gente que trabaja en el Consejo.
De modo que después de varios años saltando de trabajo en trabajo, se le ofreció probarse para el puesto de Consejero de Defensa. Sin pensarlo dos veces, aceptó y realizó la prueba.
Un día simplemente dejó el Pueblo y se encaminó al Consejo, sin certeza de lo que iba a ocurrir con él.

Fue aceptado hace seis años. Hoy, está convencido de que ese es su lugar en el mundo. Disfruta cada segundo de saber que contribuye a hacer que su gente se sienta segura sin necesidad de blandir un arma a cada rato. No conoce a su verdadero padre y ya dejó de conocer al adoptivo; pero aquel que reside en sus memorias estaría orgulloso de él.
Otros datos
Otros datos:
- Tiene muy buena memoria para detalles y datos insignificantes, más le es difícil asociar nombres con rostros y se suele referir a las personas por su profesión y alguna característica física.
- Adora los animales, les habla y los trata como a cualquier persona.
- Habla solo, y mucho. Lo han tildado de ''raro'' por hacerlo en público.
- Le encantaría aprender a tocar algún instrumento, pero no encuentra el tiempo.
- Duerme mucho y muy profundamente.
- Es ambidiestro.
- Sus comidas favoritas son el pescado y todo lo picante.
Apariencia
Normal:


Informal/sin túnica:


Nombre real del personaje: Mikazuki Munechika
Nombre del anime/manga/videojuego, etc: Touken Ranbu

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Re: Somnus [id]

Mensaje por Lýkai el Lun Mar 20, 2017 10:22 pm

¡FICHA ACEPTADA!

¡Felicidades y bienvenido oficialmente a Partem Septem! ¿Será capaz de mantener esa tan amada paz...? ¡Puedes empezar a rolear!




My dear brother <3:

Love u too <3:

Ya saben, chicos(?):


¡Gracas, Calyare! ❤

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